Estoy a punto de jubilarme y he vivido unos años de mi vida muy apasionados, dentro y fuera del mundo de la enseñanza.

En la escuela veía como llegaban los niños pequeños y a medida que crecían se iban transformando en todos los niveles.
Paralelamente iba teniendo mis magníficos hijos y el tiempo me ha ido volando, casi sin darme cuenta.
Y ahora intento rellenar mis lagunas en las herramientas del S. XXI.
Cuando acabé el bachillerato tenía dos áreas que me interesaban: ser enfermera o ser profesora y cuando acabé COU me puse en la lista de las dos diplomaturas, de la lista de enfermera caí por estar ya matriculada en la de magisterio y así empecé este camino. Tenía experiencia dando clases particulares y haciendo de canguro, nos lo pasábamos muy bien, por lo tanto entrar en el mundo de la enseñanza no tenía que ser tan diferente.
Empezar magisterio fué como descubrir mundo, ampliar miras, …
Mi esteno fué en un barrio de las afueras de Tarrasa como maestra de catalán, siendo mi especialidad Ciencias y matemáticas, a continuación pasé a ser maestra de P5. Todo un grandísimo reto, pero los padres ayudaban muchísimo, en todo momento que los llamabas los tenías en la escuela, si necesitábamos ayuda, tenías un montón de manos, dabas orientaciones, pautas,… y respondían.
Ahora acabando, estoy en un instituto, después de haber vivido la gran cantidad de planes de estudio: LGE, LOECE, LOGSE, LODE, LOPEG, LOCE, LOE, LOMCE, quizá me deje alguno, me quedo con lo enriquecedor que es la enseñanza en todos los niveles, personal, social, emocional,…, y que los padres y la sociedad tenemos que hacer una apuesta seria y fuerte por la EDUCACIÓN.